Actividades 2016

Cortegana a La Nava

Huelva - 6 de febrero de 2016


Comenzamos esta salida consultando el tiempo y mirando al cielo.

La climatología no acompañaba, pero el valor del Grupo hizo que no temiéramos a lo que nos pudiera deparar el clima.

Veinticinco valientes partimos para Cortegana, donde llegamos tras reponer energías en Juanito en Arroyo de la Plata, lugar habitual.

Cuanto más nos acercábamos a nuestro destino peor se ponía el tiempo, incluso llegando a Aracena la niebla no dejaba ver el paisaje a más de unos pocos metros, incluso cayeron algunas gotas, que solo fueron aprovechadas por una Compi para intentar intranquilizarnos. Por supuesto no sirvió para nada.

Llegamos a Cortegana y las nubes casi cubrían su castillo, pero veintitrés inamovibles senderistas nos pertrechamos y comenzamos la ruta.

Todo fue empezar y ya comenzaron los comentarios habituales, e imprescindibles en nuestro argot de: ¡Ya estamos perdidos!. Jamás nos hemos perdido.”


Comenzamos, como esperamos, bajando por un camino empedrado y escalonado, ya deteriorado por el paso de los tiempos, que dejaba evidencia del buen trabajo de los canteros y que nos entretenía salvando las piedras sueltas.

El camino de canuto, verde, los muros de piedras cubiertos de verdor y acompañándonos un arroyo de aguas cristalinas y que salvaba la pendiente con sucesivos saltos de agua, todo rodeados de esbeltos álamos que apuntaban al cielo y otras especies de arbolados como alcornoques. En algunos tramos caminábamos por una extensa alfombra de hojas.

Pronto llegamos a los primeros barrancos horadados por el Arroyo Carabaña con espectaculares saltos de agua.

Y de aquí hasta encontrar La Posada de Cortegana, que nos asombró por su extensión y que nos dicen que el edificio principal es del siglo XVII, al que han ido añadiendo otras edificaciones entre ellas 41 cabañas magnificas y en un lugar ideal para descansar y disfrutar de la naturaleza. Recogimos información, improvisamos un Ángelus light y seguimos nuestro camino.

El arroyo nos acompañó paralelo a nuestra marcha hasta que nos encontramos con la confluencia de este con el arroyo del El Búho y aquí tuvimos que improvisar un paso para cruzar los cuatro metros de agua que nos separaba de la continuación de la ruta.

Entre piedras, palos, algún que otro remojón y comprobación que disponemos de buenas botas y sobre todo risas y un buen rato, cruzamos sin mayores incidencias.

Buscamos el paso hacia la vía del tren que debíamos cruzar y marchamos paralelos, esta vez, al arroyo Caliente de aguas frías y rodeados de espectaculares cerros.

A partir de aquí empezamos las subidas buscando el Camino Viejo de La Nava.

Esta parte fue la más complicada ya que en ocasiones las pendientes fueron muy pronunciadas y algun@s notamos viejas lesiones, pero no hubo ni heridos, ni abandonos, llegamos al camino disfrutando del paisaje, de algunos prados de verdor sorprendente, unos con ovejas y otros con vacuno.

A los que nos quedamos rezagados, en ocasiones nos sorprendía el silencio, el sosiego y la paz que se podía palpar.

Poco antes de llegar al pueblo, lo hicimos a la pequeña Ermita del Cristo de los Caminantes, -no más de 15 metros cuadrados-, que en realidad es un Humilladero, al que no pudimos ver ya que se encontraba cerrada y sin iluminación.

Aprovechamos unos asientos y mesas y dimos buena cuenta de los bocatas, acompañados de un viento fresquito que nos hizo acelerar la tarea.

Llegamos al pueblo donde nos esperaban Luis y Concha y después de una buena ruta en la que solo nos cayeron cuatro gotas, regresamos a casa “satisfechos”.

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