Actividades 2017

De Nerva a Berrocal por el tren minero

Nerva (Huelva) - 28 de enero de 2017


Aunque los días anteriores a la salida fueron lluviosos, sí esperábamos que el sábado nos respetara y se presentara un día soleado, como así fue.

Una vez en el inicio de la ruta, nos encontramos con una zona enfangada, por lo que se optó por realizar un primer tramo por la carretera que rodea la zona minera de la estación del tren, con objeto de evitar el mal estado del terreno.

Fuera lo espectacular de la diversidad de colorido, de los restos abandonados, de un terreno degradado por la mano del hombre o por un despiste de mi persona, -lo más seguro-, lo cierto es que nos pasamos del cruce que debíamos tomar y continuamos por la carretera hasta que comprobé el error. Para no volver decidimos recortar campo a través, lo que nos dio oportunidad de comprobar que pasamos, nos superamos y aprovechamos para disfrutar cualquier incidencia que nos ocurra y eso fue lo que pasó, cruzando arroyos y bosques de coníferas, tan tupidas que a pocos metros no nos veíamos unos a otros.



Una vez recorridos unos tres kilómetros extras, llegamos a las vías del tren, nuestro camino, el que alcanzamos tras superar una bajada muy pronunciada y de un color ocre que resaltaba con el verde de la arboleda.

Repusimos fuerzas, fotos de grupo y a retomar nuestra ruta por las pedregosas vías del ferrocarril. Esto fue lo peor. Bastantes tramos con abundantes piedras como alfombras de nuestro andar que hizo resentir nuestros tobillos y nuestras botas que aguantaron victoriosas. Durante el trayecto pudimos disfrutar de una variedad de colores en sus diferentes tonalidades. Rocas rojizas junto a hermanas amarillentas y todas bañadas por el rojizo metálico de las aguas del Río Tinto.

Buscamos alcanzar la Estación del Tren Minero donde teníamos noticias de que había una zona de merenderos y allí reposamos las posaderas y apagamos las protestas de nuestra bolsa estomacal. Un respiro anhelado.

Llegó un momento en el que la guía de acero parecía interminable.

Ya nos quedaba poco y proseguimos con la misma tendencia de estirarnos y una diferencia entre los primeros y los de cola que se entretenían fotografiando y deleitándose con los paisajes propios de otros planetas.

Y casi sin esperarlo, se nos apareció el antiguo puente por el que transitaba el ferrocarril y tras de él la carretera y el punto de encuentro con el bus.

Las 17’30 horas, la prevista para llegar al destino.

Una vez más prueba superada y dieciocho kilómetros de ruta que no han podido con el espíritu guerrero del Grupo Senda.

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