Actividades 2019

Villanueva del Río y Minas - Munigua

Cordel de El Pedroso (Sevilla) - 26 de enero de 2019


Un espléndido día, soleado y no muy caluroso que nos permitió disfrutar de la ruta por el Cordel de El Pedroso, en Villanueva del Río y Minas, en dirección al enclave arqueológico de Munigua.

Con este sendero de unos ocho kilómetros de ida y otros tantos de vuelta, iniciamos el nuevo año del Grupo Senda y utilizamos un transporte olvidado en el tiempo y que le da a la salida un punto distinto al habitual, ya que fuimos y regresamos en tren.

No esperábamos que la distancia prevista se convertiría en algunos miles de metros más, ya que nada más llegar tuvimos que buscar una cafetería para el desayuno, que en esta ocasión lo acompañamos de unos buenos “calentitos” de toda la vida. Aunque fue peor la búsqueda del cafelito de la tarde, ya que no encontramos nada abierto, ni siquiera para poder reponer liquido hidratante. Un buen cura nos auxilió.

Iniciamos la ruta en la estación del tren. Cruzamos el puente sobre la Ribera del Huéznar, con el reflejo en sus aguas del fenomenal viaducto ferroviario, llegando al Lago Azul y empezando el camino ascendente que nos llevaría hasta nuestro destino, con cuidado y atención a los vehículos que también van al mismo sitio.

El campo nos mostraba sus tonos de brillante verde, dehesas con ganado vacuno y sobre todo aire limpio.

Una vez en el antiguo apeadero de Arenillas, cruzamos la cancela de la finca privada y a unos dos kilómetros y medio más allá, llegamos a nuestro destino; las ruinas de Munigua. Lo primero en divisar la impresionante pared de piedra de su Santuario que asoma en el cerro.

Visitamos las calles, casas y construcciones de la ciudad de Munigua y que, a pesar de estar allí desde el siglo IV a.C., permanecen en pie y nos muestran el esplendor que tuvo en sus días.

Tras la visita, aprovechamos los restos del apeadero para coger fuerzas y seguidamente retomar el mismo camino de vuelta, que hicimos en un tiempo récord, lo que demostró la buena forma del Grupo Senda.

Al llegar al pueblo, nuestro gozo y deseo del merecido descanso se desvaneció, ya que no encontramos un sitio para ello, aunque lo que más echamos en falta fue el agua fresquita que no encontramos ni en tiendas, ni bares, solo en la iglesia y de la mano de su Cura.

Ante esta adversidad, y antes de rendirnos, fuimos en busca del líquido elemento que nos hidratara. La encontramos tras más de media hora y varios kilómetros, y llevamos al sediento Grupo. Ya rehidratados, esperamos a nuestro tren que nos regresó a casa, pensando en la próxima salida.

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